Don Álvaro Fuentes, in memoriam
Álvaro Fuentes Defior nació en Binaced, pequeña localidad de la provincia de Huesca, el 19 de febrero de 1940. Realizó sus estudios universitarios en las Universidades de Barcelona y Zaragoza, graduándose en Filosofía y Letras.
Después de haber sido profesor y miembro de la dirección del Colegio Gaztelueta, se trasladó a San Sebastián en 1975 con su esposa, Maripili Ibarz y sus seis hijos. Yago, el menor, nacería ya en San Sebastián. En septiembre de ese mismo año Don Álvaro se hizo cargo de la dirección de Erain.
Pronto se ganó la confianza de todos, la puerta de su despacho estaba siempre abierta para escuchar una consulta, resolver dudas, o dar ánimos ante una dificultad. Poseía las cualidades de un buen profesor, tenía autoridad ante los alumnos, pero eso no le impedía tener un trato cercano con todos. Los alumnos le escuchaban, respetaban y confiaban en él.
Los años en los que Álvaro fue director del Colegio desde el punto de vista político, económico y social fueron muy convulsos. Pero en el Colegio se mantuvo la serenidad, la alegría y la cohesión entre todos. Seguro que Dios ayudó en esos momentos difíciles, y se sirvió también de la serenidad que Álvaro comunicaba a todos.
Cuando asumió la dirección, Erain llevaba apenas cuatro cursos de andadura, Álvaro fue el segundo director y supo encauzar el entusiasmo inicial de los comienzos, de modo que las grandes ideas que habían impulsado el nacimiento del Colegio: la educación en la libertad, el trato personalizado con los alumnos y sus padres, el cultivo de las virtudes humanas y cristianas, se integraron, junto con la exigencia académica, en la praxis normal el Colegio.
Dedicó muchas horas a atender con acierto las inquietudes de las familias del colegio. También los profesores fueron objeto prioritario de su atención. Los seguía uno a uno y se preocupaba de que mejoraran su preparación pedagógica.
Gran aficionado al fútbol desde su juventud, durante años jugó con profesores y alumnos y animaba desde la banda con pasión. Cuando dejó de ser director continuó, como un profesor más hasta su jubilación, querido y respetado, siempre dispuesto a hacer un favor o dar un consejo, pero sin hacerse notar.
Era un hombre de fe profunda, que se manifestaba con mucha naturalidad. Sin duda el entramado de virtudes que poseía y que hacían su trato tan amable nacían de su amor a Dios. Desde joven fue miembro supernumerario del Opus Dei y supo buscar a Dios en el trabajo, en la entrega a su familia y en su habitual disposición de servicio. Cada día, en medio de sus ocupaciones, encontraba tiempo para tratar a Dios en la oración y para acudir diariamente a la Santa Misa. Esta honda piedad cristiana la mantuvo también cuando empezó a sentir los efectos del Alzheimer, que le hizo perder progresivamente la capacidad de comunicarse.
Su enfermedad, agravada por una complicación pulmonar, provocó el 4 de febrero de 2026, su tránsito de este mundo a los brazos de Dios, que era su mayor deseo.
Muchas gracias D. Álvaro.